
Hay muchos motivos para empezar a correr, el mío fue por pura diversión. Simplemente desde pequeño me lo pasaba bien corriendo y sintiendo como las zancadas me llevaban rápidamente de un lado para otro.
Si lo pienso, no recuerdo cuál fue el día en que empecé a correr o por qué motivo, lo que sí recuerdo es la sensación de plenitud y vitalidad cada vez que salía a entrenar o hacía alguna carrera. A día de hoy todavía me acompañan esas sensaciones, ¿por qué parar?
Correr, una filosofía de vida
Puedes haber empezado con diez, treinta o cincuenta años, lo cierto es que correr engancha y acaba convirtiéndose en parte de tu vida. Llega un momento en que te despiertas por la mañana y piensas cuándo vas a salir a correr o qué ruta harás hoy. Ahí no cabe duda, llevas un corredor dentro de ti.
No recuerdo una etapa de mi vida en la que correr no haya estado presente, desde que iba al colegio y quedaba con el grupo de amigos para entrenar, pasando por mi etapa universitaria hasta ahora que por mucho trabajo que haya siempre se busca un hueco para salir a trotar.
Cuando menos, te das cuenta que siempre hay un espacio en tu armario reservado para pantalones, mallas y camisetas de correr. En el zapatero nunca faltan un par (o tres) de zapatillas y el pulsómetro es un elemento más de tu día a día. Un corredor nace o se hace, lo que está claro es que siempre permanece.

Invertir en salud corriendo
Es otro de los grandes motivos por los que sigo corriendo. Son incuestionables los beneficios que correr de forma regular tiene para la salud. No hay mejor seguro de vida para mí que esta actividad, con solo dedicar 30-60 minutos al día sé que es una inversión a largo plazo. ¿Sabías que correr 2 horas semanales hace que tu vida se alargue hasta en 6 años?
La mejora física cuando corres es palpable y se produce en poco tiempo, algo que te anima a seguir. Tu cuerpo cambia, se transforma en una máquina casi perfecta, más eficiente y hay una serie de consecuencias saludables que ocurren dentro de él.
Con el paso de los días y los kilómetros notas cómo va desapareciendo la capa de grasa, tus extremidades se hacen más finas, pero también más ágiles, tu corazón crece y ya no es tan fácil fatigarlo, la respiración se hace más profunda, los músculos tienen más tono, siempre dispuestos para echar a correr y por la noche ya no te cuesta dormir, te sumerges en un sueño profundo donde hasta la última célula de tu cuerpo aprovecha para descansar y estar al 100% para el día siguiente.

Correr para superar retos
Yo era un habitual de las carreras populares de 10 kilómetros, hasta que llegó un día en que te dicen la palabra mágica: ¿probamos a correr una media maratón? Como todo en la vida, correr también consiste en superarse, es parte del proceso marcarse nuevos retos y trabajar para conseguirlos.
Todavía recuerdo la sensación de entrar a meta después de correr 21 kilómetros, cómo se puede ser tan feliz con algo tan simple. No era solo el hecho de haber corrido esos kilómetros, sino lo que había conllevado llegar hasta la línea de meta: esfuerzo, sacrificio, superación y muchas horas de salir a correr y sobre todo de disfrutar.
Mi próximo reto está claro: la maratón. No sé cuándo ni dónde la haré, pero estoy seguro de que ese día llegará. Solo tengo que tomar la decisión, trazar un plan de ataque y saborear día a día como me acerco a superar esa distancia. Sin duda, correr con retos de por medio, es mucho más divertido.
Imagen | Lululemon athletica