Consumo Responsable

Llámalo coser o llámalo patchwork … ¡Lo bordamos!

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En Ciudadano 0,0 hemos hablado de alternativas solidarias para darle otro uso a nuestra ropa, también de reutilización y reciclaje y hasta de convertir lo que no nos sirve en arte. Ahora veremos una forma muy creativa de aplicar la filosofía del no lo tiro a nuestras prendas de vestir. Desde hace poco, reutilizo la ropa que ya no me vale o reciclo telas usadas para crear algo nuevo. No hace falta demasiada habilidad, solo imaginación.

Antes, prácticamente todas las mujeres sabían coser. Las que más, hacían la ropa para toda la familia. Las demás no se quedaban lejos, pues nada menos que bordaban mantelerías o arreglaban las prendas que se quedaban pequeñas. No hay que remontarse demasiado tiempo, ya que nuestras madres todavía cosen porque aprenderlo formó parte de su educación. En estos últimos años, parecía que esta costumbre iba a desaparecer. Hubo incluso algún local de transformaciones que se promocionaba con la ingeniosa frase de “ya no cose ni mi abuela“.

Pues bien, la costura ha vuelto antes de que haya llegado a saltarse una sola generación. Muchas personas estamos volviendo a aprender a coser, esta vez no por necesidad o por tradición, sino por gusto. La ropa confeccionada no sale nada cara y las opciones son muchas, sin embargo, nos apetece hacernos las cosas a nuestro modo, dar rienda suelta a nuestra imaginación o, como mínimo, arreglarnos lo que no termina de sentarnos bien.

 

Renuevo el armario con coste cero

Todo lo podemos reutilizar. La ropa vieja o pasada de moda puede tener una nueva vida. A pesar de que la he reciclado, gracias a los retoques, nadie pensará que llevo otra vez aquella prenda de hace tres o cuatro años. Y ni siquiera hace falta ser muy hábil, pues hasta los remiendos pueden considerarse un detalle creativo hecho adrede. Esa prenda aburrida que no sé ni qué hace en mi armario, la transformo en algo original que ninguna otra persona se pondrá. De los retales de varias blusas raídas que iba a tirar, me confecciono un juguetón bolso de patchwork.

Tampoco habrá que deshacerse de lo que nos encantaba, pero que ya no nos vale. Con nociones de costura, podremos ajustar tallas, tanto para nosotros, si hemos perdido o ganado peso, como para los nenes, según van creciendo.

Y esto supone solo la opción más sencilla. Si nos atrevemos, podemos lanzarnos al siguiente paso:

Prendas únicas

Casi siempre me pongo abrigos tan coloridos y caprichosos, que varias veces me han preguntado si me los hacía yo. La respuesta solía ser que “ojalá”. Pero, ¿por qué seguir deseando saber hacer una cosa en lugar de decidirme a aprenderla?

El año pasado, me apunté a una academia, donde aprendí a utilizar la máquina de coser y di mis primeros pasos en patronaje. Si se llega a dominar la capacidad para seguir patrones, las opciones se convierten en ilimitadas, ya que no solo adornaremos o transformaremos lo preexistente, sino que podremos partir de cero en la creación de prendas propias.

Descubrí una nueva forma de comprar: en lugar de ir a tiendas de ropa, visito establecimientos de venta de telas. De repente, se abre ante ti todo un universo nuevo, en el que no solo te rodean cientos de estampados o colores diferentes, sino donde también existe todo tipo de tejidos y de opciones, según lo que se necesita hacer. Aunque solo contemos con rudimentos básicos sobre corte y confección, entrar en una de estas tiendas provoca que la imaginación comience a volar.

Se dice que no hay que juzgar un libro por la portada y es verdad. Sin caer en prejuicios hay que admitir que lo que elegimos para ponernos encima nos define. No solo cada persona viste de una forma, acorde con su personalidad o sus ideas, también esa misma persona se dejará llevar por el estado de ánimo de cada mañana al elegir la combinación de colores o la discreción de su atuendo. Si no solo elegimos prendas entre las opciones de otros diseñadores, sino que nos las confeccionamos nosotros mismos, estaremos expresándonos mucho más a través de la ropa.

Crochet, patchwork, bordado… un juego

Además de las escuelas de costura tradicionales que nunca han desaparecido, en las ciudades están empezando a surgir nuevos talleres, decorados con muy buen gusto, llenos de colorido, donde se dan cursillos de costura, punto, patchwork, crochet, bordado, etc… Esta forma de presentar los establecimientos, tan lúdica, provoca que cualquier persona con inquietudes creativas tenga ganas de apuntarse a uno de los cursos.

El ganchillo ya no tiene por qué significar hacer un babero para el próximo bebé de la familia, que también se puede hacer y es un bonito detalle. Ahora quizá aprendamos esta habilidad para darle vida a un pequeño muñeco de Yoda. Es una forma de ver la costura y sus afines que incluye lo que nos ha formado como generación.

 

En resumen, la costura y todo lo que la rodea suponen aficiones muy placenteras, relajantes y creativas que, asimismo, pueden darnos la oportunidad de ser los más originales a la hora de vestir y de regalar a seres queridos obsequios personalizados. Además, son una manera de ahorrar, ya que muchas de las cosas que habríamos tirado, podemos reutilizarlas, ya sea con un arreglo o tomando solo el tejido para inventar algo nuevo a partir de los retales. Creatividad, reutilización, ahorro, originalidad… todo se ajusta a la manera de ser de los Ciudadanos 0,0 y, lo más importante, es algo que me gusta hacer. Si habitualmente nos enorgullece que las amistades elogien las prendas que llevamos puestas, cuando se trata de algo hecho por nosotros, la satisfacción es plena.