Bici

Especial historia de la bicicleta I: los orígenes

 

Podríamos decir que la bicicleta ha cambiado poco desde el momento de su invención, desde lo que conocemos como la bicicleta moderna, que cada vez más abundan en nuestras ciudades. Pero lo cierto es que hasta ese momento asistimos a una serie de propuestas o prototipos sin la cual ésta no hubiera sido posible. Hoy vamos a iniciar un repaso que nos va a llevar a conocer un poco mejor la historia de la bicicleta, comenzando como no podría ser de otra manera, por los orígenes.

Antes de comenzar por el primer prototipo, citaremos como curiosidad el descubrimiento durante la restauración del “Codex Atlanticus” de Leonardo da Vinci en 1966, del boceto de una bicicleta con transmisión de cadena e impulsada por pedales, que es muy similar a las que utilizamos actualmente. El códice data de 1490, pero como comentamos el boceto no fue conocido hasta mediados de los años sesenta.

Los primeros prototipos

Podemos situar el primer antecedente conocido de la bicicleta en el velocípedo de Karl von Drais en 1818, la draisiana. Estaba hecho en madera y la idea fundamental consistía en un carrito de dos ruedas, dispuestas una delante de la otra con un manillar. La persona iba sentada sobre un sillín rudimentario también de madera. Para avanzar había que impulsarse alternativamente con el pie derecho y luego con el izquierdo. El sistema es similar al que utilizan hoy en día las bicicletas de prepedaleo que están pensadas para los niños pequeños.

La draisiana podía alcanzar la misma velocidad que un coche de la época, algo realmente temerario si pensamos que no llevaba frenos. El conductor tenía un apoyabrazos donde podría controlar a través de una barra de madera unida a su rueda delantera la dirección hacia la cual quería girar. El vehículo carecía totalmente de cualquier sistema de amortiguación. Las ruedas ni siquiera tenían cámaras, por lo que todos los impactos que pudiera sufrir en su camino se transmitían al conductor. No quiero pensar cómo acabaría después de un pequeño paseo por las carreteras y caminos de la época.

 

Este velocípedo sin embargo tenía dos ventajas. La primera, como hemos visto, la velocidad que era capaz de alcanzar, algo que en la época sólo estaba al alcance de vehículos de tracción animal más allá de los coches. La segunda gran ventaja era que resultaba más eficiente en los desplazamientos que ir andando, menos cansado. No tardó mucho en evolucionar para incluir los primeros elementos modernos.

En 1830, el escocés Kirkpatrick Macmillan introduce los pedales en el velocípedo. Su invento no fue patentado. Los pedales iban en la rueda delantera que a través de unos cigueñales unidos a dos bielas permitían transmitir la fuerza a la rueda trasera de forma rudimentaria. El sistema sería similar a la transmisión de las ruedas del tren, para que nos hagamos una idea. Con este sistema hizo sus pruebas trasladándose hasta Glasgow (226 km), cubriendo un tramo de 65 km a una velocidad media de 13 km/h, algo impresionante para los baremos de la época.

Pero lo cierto es que el invento de Kirkpatrick Macmillan no llegó a ser muy conocido, aunque se le atribuye, con ciertas dudas sobre la veracidad del hecho, el primer accidente por atropello de una bicicleta a un peatón, multado con cinco chelines. El primer productor de estos prototipos fue Thomas McCall, de Kilmarnock en 1869, inspirado ya en los modelos de velocípedos franceses.

Hacia la bicicleta moderna

No fue hasta 1861 cuando Ernest Michaux decidió dotar de unos pedales a la rueda delantera de una vieja draisiana. El problema que representaba este sistema era el de la estabilidad. Sólo se conseguía permanecer estable cuando se alcanzaba cierta velocidad. La rueda delantera era ligeramente superior a la rueda trasera, aunque tenía el inconveniente de la dificultad para realizar los giros.

Este diseño se hizo muy popular a finales de la década de 1860 con algunas mejoras que se fueron incluyendo, como las ruedas con cuadros de metal, que reducían el peso y permitían un diseño más estilizado. También se fueron introduciendo distintos sistemas de frenado, que dependían un poco del fabricante. Las ruedas también eran de hierro y se introdujeron los neumáticos de goma sólida.

El principal inconveniente del sistema seguía siendo la incomodidad, tanto que llegó a convetirse en un machaca huesos, algo que reflejaba como quedaban los primeros ciclistas de la época después de utilizar el invento. La velocidad que podía alcanzarse se vio que era mayor si se aumentaba el radio de la rueda delantera, al estar situada en esta los pedales, lo que llevó a la siguiente invención, la bicicleta de rueda alta.

 

La imagen de esta bicicleta de rueda alta es la que muchos tenemos asociada a las bicicletas antiguas. Se trata de una bicicleta con una rueda delantera con un radio muy grande, de unos 1,5 metros y una trasera diminuta, en comparación. Los pedales iban en esta rueda gigante. La teoría era que a mayor radio de rueda más velocidad eran capaces de alcanzar. Los primeros diseños se atribuyen a James Starley en 1870 y se comercializó en los años siguientes. La seguridad era el principal inconveniente y los accidentes no tardaron en llegar, sobre todo con fracturas de muñecas al intentar evitar la caída contra el suelo. En la época sólo se consideraban aptas para jóvenes aventureros.

La primera bicicleta de cadena, la máquina segura.

No fue hasta 1885, cuando John Kemp Stanley inventó la primera bicicleta de cadena, situando los pedales tal y como los conocemos hoy. Además, permitía reducir el tamaño de la rueda delantera hasta igualarlo con la trasera. Incorporaba elementos que ya se utilizaban como los rodamientos o los frenos, lo que hizo, que se conociera como la máquina segura, en comparación con la inestabilidad de las bicicletas de rueda alta.

A este diseño se le incorporó la novedad presentada por John Dunlop, que inventó la cámara de aire en 1888, protegida por una cubierta de caucho. Con estos elementos gran parte de los impactos que sufrían las ruedas quedaban amortiguados. Estas primeras bicicletas tenían un coste muy alto, aproximadamente el salario de tres meses, aunque poco a poco y con la producción en cadena fueron reduciendo su precio hasta hacerse más asequibles y tremendamente populares. La semana que viene veremos la evolución de esta primera bicicleta moderna.

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